El Papa Francisco ha tomado una decisión histórica al crear un grupo de estudio de alto nivel para analizar el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) en la sociedad. Este paso, que busca colocar a la Iglesia Católica a la vanguardia del debate ético mundial, se enmarca en la preparación de la primera encíclica papal centrada en las tecnologías emergentes y la era digital.
El equipo, integrado por teólogos, científicos de datos, filósofos y tecnólogos de diferentes regiones, será coordinado por el Dicasterio para la Cultura y la Educación. Su labor consistirá en evaluar cómo la automatización y los algoritmos generativos están cambiando el empleo, las relaciones humanas y la percepción de la dignidad humana, con el fin de asesorar al Papa en la redacción de la encíclica.
El documento tratará temas críticos, como los sesgos algorítmicos que aumentan la desigualdad, los riesgos de la IA generativa y los peligros de los sistemas autónomos en la industria militar. Con esto, el Papa Francisco busca consolidar el concepto de «algorética», una ética de los algoritmos que promueva un desarrollo tecnológico alineado con valores humanistas y de justicia social, en lugar de intereses comerciales o de poder.
Este anuncio no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia del Vaticano para influir en el debate sobre la IA. La Santa Sede ya había liderado el «Rome Call for AI Ethics», un compromiso firmado por empresas como Microsoft e IBM y líderes religiosos para un desarrollo tecnológico ético.
Con la creación de este grupo y la futura encíclica, la Iglesia Católica fortalece su presencia en la discusión global sobre la regulación de la IA, en un contexto en el que la Unión Europea y las Naciones Unidas están desarrollando marcos regulatorios. El Vaticano busca aportar una perspectiva ética y antropocéntrica, destacando que la tecnología debe ser una herramienta para el bien común y no una amenaza para la dignidad humana.