En el corazón de Londres, en la calle Threadneedle Street, se encuentra el Banco de Inglaterra, una institución que alberga una de las mayores reservas de oro del mundo. Bajo sus cimientos, en bóvedas de máxima seguridad, se guardan aproximadamente 400,000 lingotes de oro, de los cuales solo el 6% pertenece al Tesoro de Reino Unido. El resto, unas 5,000 toneladas, son reservas de otros países, lo que lo convierte en el segundo mayor custodio de oro del mundo, después de la Reserva Federal de Nueva York.
Un sistema de custodia único y transparente
El oro almacenado en el Banco de Inglaterra no figura en su balance, ya que pertenece exclusivamente a los países que lo depositan. «El oro que custodiamos en nombre de nuestros clientes no figura en nuestro balance», aclara el banco central en su página web. Un ejemplo reciente es el de Países Bajos, que tras una operación de varios meses, retiró 86 toneladas métricas de oro (valoradas en casi US$12,000 millones) desde Estados Unidos y Canadá para trasladarlas a las cámaras acorazadas del Banco de Inglaterra. Aunque gran parte del oro se vendió y recompró en Londres, 27 toneladas fueron trasladadas físicamente.
Seguridad extrema en la City londinense
El edificio del Banco de Inglaterra, que ocupa una manzana completa de 14,000 metros cuadrados, destaca por sus muros sin ventanas a nivel de calle, que ocultan un búnker subterráneo de máxima seguridad. El acceso a las cámaras, que contienen alrededor del 3% de todo el oro extraído en la historia, solo es posible a través de una puerta vigilada en Lothbury Street. El recorrido exacto por los pasillos es secreto de Estado, y el acceso requiere una combinación de códigos, llaves tradicionales y reconocimiento de voz.
Londres: El centro mundial del comercio de oro físico
La razón por la que más de 70 bancos centrales confían sus reservas de oro al Banco de Inglaterra no es solo su seguridad, sino que Londres es el centro mundial de negociación de oro físico desde hace más de 300 años. Según Ewa Manthey, estratega de materias primas del banco ING, Londres ofrece algo único: la capacidad de convertir el oro en dinero efectivo rápidamente.
En el Banco de Inglaterra, el oro se almacena de manera que barras específicas, identificadas por números de serie, están asignadas a un propietario. Esto permite realizar operaciones simplemente cambiando el nombre del propietario en un registro, sin necesidad de mover el metal físicamente. «El valor se liquida transfiriendo la titularidad de los lingotes sin mover un gramo», explica Gregory Placsintar, analista de materias primas.
Ventajas clave de almacenar oro en el Banco de Inglaterra
- Liquidez inmediata: El oro puede venderse, prestarse o usarse como garantía en operaciones financieras sin necesidad de transporte físico.
- Ahorro en costos logísticos: Evitar el transporte de lingotes (cada barra pesa unos 12.4 kg) reduce costos y simplifica las certificaciones.
- Certificación y calidad garantizada: Todo el oro cumple con estrictos estándares de pureza, peso y tamaño, lo que lo hace vendible en cualquier momento.
- Historial de seguridad impecable: El Banco de Inglaterra ha mantenido un récord de seguridad intachable durante siglos.
Riesgos geopolíticos: ¿Por qué algunos países revisan la ubicación de su oro?
Aunque el Banco de Inglaterra ofrece múltiples ventajas, almacenar oro en el extranjero también conlleva riesgos geopolíticos. «El oro custodiado en el extranjero queda sujeto a las leyes y decisiones políticas del país donde se almacena», advierte Ewa Manthey. Un ejemplo es el caso de Venezuela, cuyas 31 toneladas de oro depositadas en Londres han sido objeto de una batalla legal entre el gobierno y la oposición desde hace más de cinco años.
Además, desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, varios bancos centrales han revisado la ubicación de sus reservas de oro para evitar posibles conflictos diplomáticos que pudieran dejar sus activos inaccesibles.
Un antecedente histórico: La «Operación Fish»
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Banco de Inglaterra jugó un papel clave en la «Operación Fish», donde las reservas de oro británicas fueron trasladadas a Canadá para protegerlas de una posible invasión alemana. Esta operación, que involucró cerca de 2,000 toneladas de oro y monedas, permitió a Reino Unido liquidar el metal para financiar la guerra, obteniendo dólares para pagar armas, suministros y alimentos.
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