Por José Zabala
New York: Rubén Luna es un empresario dominicano de la diáspora y exdiputado de ultramar que ha convertido el trabajo comunitario en una misión de vida. En tiempos donde abundan los discursos de incertidumbre económica, Luna envía un mensaje distinto y poderoso: el progreso no se detiene cuando hay voluntad, fe y compromiso social.
Durante su participación en el programa La Comunidad y su Futuro, Rubén Luna dejó claro que cada ciclo económico trae desafíos, pero también oportunidades. A su juicio, la diferencia entre avanzar o retroceder está en la actitud con la que se enfrentan los problemas.
“Quejarse no es la solución. La solución es buscarla”, afirma Luna, convencido de que pensar en positivo, crear empleos y administrar bien los recursos es la fórmula real para crecer, aun en escenarios complejos.
Un modelo comunitario con más de 25 años de resultados
Uno de los mayores aportes de Rubén Luna a la diáspora dominicana en Nueva York es su programa de empleo comunitario, con más de 25 años de funcionamiento continuo. Desde su oficina ubicada en el 1239 de Saint Nicholas Avenue, decenas de personas llegan cada semana buscando una oportunidad laboral y salen con una respuesta concreta.
Este programa se distingue por no discriminar por edad, religión, partido político, raza ni nivel de inglés. Jóvenes desde los 16 años, adultos y envejecientes encuentran opciones reales en sectores como:
• Supermercados
• Compañías de limpieza y mantenimiento
• Servicios de telecomunicaciones e internet
• Otras áreas comerciales en expansión
Cada domingo, desde las 8:00 de la mañana, las puertas permanecen abiertas, convirtiendo ese espacio en un punto de encuentro para la esperanza y la dignidad laboral.
Impacto social que va más allá del empleo
Para Rubén Luna, el empleo no es solo una fuente de ingreso, sino una herramienta de transformación social. Su objetivo principal ha sido integrar a jóvenes que estudian, alejarlos de la calle y enseñarles el valor del trabajo honesto, la disciplina y el manejo responsable del dinero.
Luna insiste en que la educación es innegociable, pero entiende que el trabajo digno complementa la formación académica y fortalece a las familias, especialmente en comunidades vulnerables de la diáspora.

Coherencia entre la política y la vida personal
Como exdiputado de ultramar, Rubén Luna reveló que durante sus ocho años en el cargo donaba su salario mensual, que rondaba los 2,700 dólares, y que incluso invertía mucho más de sus propios recursos en ayudas sociales. Lo más significativo es que ese compromiso no terminó con su salida del Congreso.
Las ayudas a familias necesitadas en la República Dominicana y en el exterior continúan de manera permanente, demostrando que su vocación de servicio no dependía de un cargo público.
“El mejor dinero que uno puede gastar es el que se usa para ayudar a los demás. No hay que dar de lo que sobra, hay que dar de lo que uno necesita”, expresó con firmeza.
Fe, trabajo y responsabilidad social
Rubén Luna entiende su labor como una responsabilidad espiritual y humana. Reconoce que Dios le ha dado la oportunidad de servir y que su mayor satisfacción es tender la mano a quienes enfrentan limitaciones por edad, idioma o circunstancias económicas.
Su ejemplo resalta una realidad que muchas veces pasa desapercibida: el liderazgo verdadero no se mide por discursos, sino por acciones constantes que transforman vidas y fortalecen comunidades.
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Por José Zabala, creador de contenido:
Promoviendo el arte, la cultura y el orgullo latino-americano en la diáspora.