El presidente ruso, Vladímir Putin, y su homólogo iraní, Masoud Pezeshkian, mantuvieron este viernes una conversación telefónica para analizar la situación en Irán tras las recientes protestas. Putin destacó que las marchas masivas de apoyo al gobierno iraní reflejan el «apoyo popular» al régimen, según la agencia Tasnim. «La marcha de millones de iraníes en apoyo a su sistema, liderazgo y gobierno muestra claramente la verdadera situación en la nación persa», declaró Putin, presentando estas manifestaciones como una prueba de legitimidad para el gobierno de Teherán.
Pezeshkian, por su parte, denunció la «implicación directa» de EE.UU. e Israel en los disturbios que estallaron a finales de diciembre, tras la devaluación histórica del rial iraní frente al dólar. El mandatario iraní afirmó que estos países están llevando a cabo una «guerra blanda» contra Irán, apoyando a «terroristas» que han atacado a civiles y propiedades públicas. «El papel y la implicación directa de Estados Unidos y el régimen sionista [israelí] en los recientes acontecimientos en Irán son evidentes», declaró Pezeshkian, quien aseguró que las fuerzas de seguridad iraníes han desmantelado a los agitadores.
El Kremlin, en un comunicado, reafirmó que Rusia e Irán buscan una reducción de tensiones en la región mediante soluciones políticas y diplomáticas. «Rusia e Irán apoyan firmemente una rápida reducción de las tensiones en torno a Irán y en la región en su conjunto», señaló el texto, destacando la cooperación estratégica entre ambos países. Esta postura contrasta con la del presidente estadounidense, Donald Trump, quien ha amenazado con intervenir militarmente en Irán y ha instado a los manifestantes a «tomar el control» de las instituciones, prometiendo que el apoyo de EE.UU. «está en camino».
Las protestas en Irán comenzaron como una reacción pacífica de comerciantes en Teherán, quienes cerraron sus negocios en protesta por la crisis económica y la devaluación del rial. Sin embargo, según el canciller iraní, Seyed Abbas Araghchi, los disturbios se intensificaron cuando se infiltraron «terroristas liderados desde el exterior», que atacaron a las fuerzas de seguridad y a manifestantes. Teherán acusa a Washington y Tel Aviv de orquestar las protestas como parte de una estrategia para debilitar al gobierno iraní.