Las funciones esenciales del tejido adiposo
La grasa corporal, lejos de ser un simple depósito pasivo, es un órgano activo que regula funciones del organismo, según explican expertos consultados por la BBC. Cumple cuatro papeles principales: almacena energía en épocas de abundancia para liberarla cuando escasea —un mecanismo de supervivencia heredado de nuestros antepasados—; produce hormonas como la leptina, que informa al cerebro sobre las reservas energéticas y la saciedad, permitiendo que el cuerpo priorice la reproducción y la respuesta inmunitaria; aísla térmicamente (grasa blanca); y genera calor quemando energía (grasa parda y beige).
«Tenemos que querer a nuestra grasa», resume la endocrinóloga Elif Oral, de la Universidad de Michigan. «Desempeña una función biológica muy importante».
Los riesgos del exceso… y de la carencia
El exceso de grasa se asocia con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, ciertos cánceres y osteoartritis. Pero niveles demasiado bajos también dañan la salud: el cuerpo entra en «modo de inanición», se debilita la inmunidad, se descompone masa muscular, los huesos dejan de repararse (aumentando el riesgo de fracturas), y se alteran las hormonas — descenso de testosterona en hombres con déficit calórico crónico y menstruaciones irregulares o ausentes en algunas deportistas. En casos extremos, como la anorexia nerviosa, puede provocar daños orgánicos o la muerte.
Varios estudios indican además que un peso algo mayor en la mediana edad y la vejez mejora las probabilidades de supervivencia ante enfermedades graves: es la llamada «paradoja de la obesidad».
Los porcentajes de referencia
Como orientación general, los hombres adultos sanos presentan entre 10 % y 20 % de grasa corporal, las mujeres entre 20 % y 29 %, y las personas con obesidad más del 30 %. En deportistas los valores son menores: en un estudio con escáneres DEXA a más de 700 atletas, los mínimos fueron del 10 % en un hombre y del 16 % en una mujer. «Es muy difícil establecer un intervalo exacto», advierte el investigador Mikael Ryden, del Instituto Karolinska: las necesidades varían por persona, sexo y grupo étnico.
Cómo medirla
Las mediciones caseras tienen limitaciones: los pliegues cutáneos arrojan cifras bajas engañosas, las básculas inteligentes se alteran por la hidratación y no detectan la grasa visceral, y el IMC no distingue grasa de músculo. Los indicadores más útiles son dos relaciones medibles con una cinta: cintura-altura (rango saludable: 0.4-0.49) y cintura-cadera (elevada si supera 0.90 en hombres y 0.85 en mujeres).
La recomendación de los expertos es no obsesionarse con objetivos extremos: lo importante es tener la cantidad adecuada de grasa, valorar sus funciones biológicas y, con la edad, cuidar la composición corporal con buena alimentación, ejercicio y entrenamiento de fuerza.