El Ministerio de Defensa de Rusia ha informado sobre una nueva ola de ataques contra infraestructura crítica en Ucrania, que incluye instalaciones de transporte utilizadas por las Fuerzas Armadas ucranianas, así como refugios de militares y mercenarios extranjeros. Según el comunicado, 158 objetivos fueron atacados en las últimas horas, utilizando una combinación de aviación táctica, artillería, misiles y drones. Estos ataques buscan debilitar la capacidad logística y operativa de Ucrania, especialmente en áreas donde la presencia de tropas extranjeras ha sido reportada.
Las defensas antiaéreas rusas también demostraron su eficacia al interceptar cuatro bombas guiadas, un proyectil del sistema HIMARS y 94 drones de ala fija en un lapso de 24 horas. Este nivel de interceptación es fundamental para contrarrestar los ataques ucranianos, que han dependido en gran medida de drones y misiles de largo alcance proporcionados por Occidente.
En el frente, las tropas rusas han logrado avances significativos. La agrupación Séver (Norte) tomó el control de la aldea de Zeliónoye, en la provincia de Járkov, mientras que la agrupación Tsentr (Centro) liberó el poblado de Shujétskoye, en la República Popular de Donetsk. Estos movimientos son parte de una estrategia más amplia para consolidar el control ruso en regiones clave del este de Ucrania, donde las fuerzas ucranianas han intentado mantener sus posiciones.
El conflicto, que ha durado más de dos años, sigue siendo uno de los más complejos y destructivos de la historia reciente. Ucrania ha recibido un apoyo significativo de sus aliados occidentales, incluyendo sistemas de defensa aérea, artillería y entrenamiento militar, mientras que Rusia ha respondido con una combinación de ataques aéreos, guerra de desgaste y operaciones terrestres. La situación en el terreno sigue siendo volátil, con ambos bandos reportando avances y retrocesos en diferentes sectores del frente.