Todo comenzó con cartas corteses. La presidenta del Concejo de Nueva York, Julie Menin, invitó a los máximos jefes del mundo de la inteligencia artificial —Sam Altman, Dario Amodei, Sundar Pichai, Mark Zuckerberg y Elon Musk— a hablar de los peligros de su propia creación. La respuesta fue, en su mayoría, silencio.
Entonces la ciudad endureció el tono: sus abogados advirtieron que las citaciones empezarían a emitirse el lunes a las 9 de la mañana. El efecto fue inmediato. Google y OpenAI dijeron «sí» ese domingo; Anthropic confirmó casi a medianoche; Meta, más colaboradora, ya había aceptado antes. Solo una empresa siguió sin responder: SpaceXAI, la firma de Musk, que ahora tiene en sus manos una citación judicial.
## El 5 de octubre, una jornada inusual en City Hall
Ese día, el pleno del Concejo —sus 51 miembros reunidos en una sesión que la propia Menin describió como «inusual»— someterá a Anthropic, OpenAI, Google y Meta a un interrogatorio bajo juramento sobre los riesgos de una tecnología en plena expansión y sobre las leyes que Nueva York podría aprobar.
El Concejo también citará a expertos nacionales en seguridad, tecnología y defensa del consumidor, en un intento de construir una normativa local frente a un vacío regulatorio nacional.
## La humanidad en la balanza: el trasfondo del debate
La audiencia no ocurre en el vacío. Los propios ejecutivos del sector, con Amodei a la cabeza, han pedido pausar el desarrollo de modelos de IA ante lo que consideran riesgos graves para la seguridad y para la humanidad. La respuesta de Trump fue tajante: Estados Unidos no puede frenarse mientras China avanza, y las leyes actuales bastan.
Menin lo tiene claro: «Si los principales expertos y los ejecutivos de IA advierten riesgos graves, los gobiernos tienen la responsabilidad de actuar». Y si SpaceXAI sigue sin aparecer, el Concejo puede pedir al Tribunal Supremo estatal que lo obligue.
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