El edificio de la alcaldía de Nueva York tiene hoy un acento que resuena en todo el hemisferio: nueve mujeres latinas ocupan posiciones de mando en la administración de Zohran Mamdani, el joven alcalde que ganó las elecciones prometiendo una ciudad asequible para todos. Sus trayectorias dibujan el mapa de la diáspora hispana: Ecuador, Colombia, República Dominicana, Puerto Rico y una infancia repartida entre Venezuela, Miami y Atlanta, con escalas obligadas en fábricas, hospitales y ventas ambulantes antes de llegar al poder.
El caso más ilustrativo es el de la doctora Helen Arteaga, la hispana de mayor rango en el gobierno municipal. Vicealcaldesa de Salud y Servicios Humanos, la ecuatoriana dirige un entramado que incluye hospitales públicos, servicios sociales, atención a personas sin hogar, bienestar infantil, salud mental y prevención de violencia doméstica. Su historia personal —una familia que luchó por acceder a atención médica básica— alimenta su misión declarada: fortalecer la red de seguridad social de la ciudad y garantizar que nadie quede fuera del sistema por su origen, ingresos o estatus migratorio.
El patrón se repite en cada despacho. Lisa García, comisionada de Protección Ambiental e hija de boricuas, administra el agua potable y el tratamiento de aguas residuales de la ciudad más grande del país, tras formarse en la EPA federal. Vilda Mayuga, primera mujer latina en dirigir la oficina de juicios administrativos, procesa más de un millón de infracciones al año y antes ayudó a recuperar unos 2,000 millones de dólares para consumidores neoyorquinos. Sandra Escamilla-Davies llegó al desarrollo juvenil tras liderar escuelas comunitarias y combatir el ausentismo escolar en Children’s Aid.
En las áreas menos visibles pero igual decisivas, Annel Hernández defiende a los usuarios frente a las empresas de energía y promueve la energía solar en las comunidades más necesitadas; Yokarina Duarte-Medina traduce los programas de emergencias al español de forma que la gente «entienda de manera completa», con un podcast pionero incluido; Annie Minguez asegura financiamiento para las organizaciones comunitarias en momentos en que ayudas como Medicaid están amenazadas; y Claudia Cereceda y Anabelle Zhuno sostienen, desde la jefatura de gabinete adjunta y la dirección de agenda, la maquinaria interna del gobierno.
Las nueve coinciden en algo más que el origen: la convicción de que su presencia desmiente con hechos la narrativa federal sobre los hispanos y de que su responsabilidad es abrir camino para quienes vienen atrás. «No llegamos aquí solos», resume Escamilla-Davies, citando el consejo paterno de nunca aceptar que alguien diga que no puedes por ser mujer o latina. Con uno de cada cinco funcionarios latinos, la alcaldía sabe que el balance aún no es perfecto, pero las nueve han convertido sus despachos en puertas abiertas.
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