Un equipo internacional de investigadores ha desarrollado una herramienta para evaluar el envejecimiento biológico y los potenciales problemas cognitivos de una persona a través del habla, según un trabajo publicado este miércoles en la revista Science Advances. El «reloj del habla» fue entrenado mediante el análisis automatizado de características acústicas y lingüísticas de 2.928 participantes hispanohablantes de Argentina, Chile, Colombia, México y Perú, de entre 18 y 88 años (promedio de 65), incluyendo adultos sanos y personas con deterioro cognitivo leve, alzhéimer y formas de demencia frontotemporal.
Los modelos de aprendizaje automático combinaron cientos de rasgos —velocidad del habla, pausas, tono, contenido emocional, vocabulario, precisión semántica y organización verbal, entre otros— para estimar la edad cronológica y calcular la brecha con la edad biológica.
## Los resultados
La herramienta logró distinguir entre personas sanas y quienes presentaban deterioro cognitivo o distintos tipos de demencia: los participantes sanos mostraron las brechas más reducidas, con diferencias progresivamente mayores en la enfermedad de Alzheimer y en las demencias frontotemporales. La aceleración de la edad del habla se asoció además con peor rendimiento cognitivo global, función ejecutiva, capacidades funcionales y memoria.
La brecha entre la edad real y la predicha correlacionó con múltiples marcadores independientes: relojes biológicos basados en resonancia magnética y metilación del ADN, y en el alzhéimer, niveles elevados del biomarcador plasmático p-tau217. El habla también reflejó una «señal social»: el envejecimiento vocal acelerado se asoció con desventaja socioeconómica acumulada a lo largo de la vida.
## Implicaciones y limitaciones
«Nuestra voz parece contener mucha más información sobre el envejecimiento de lo que sabíamos hasta ahora», señala Agustín Ibáñez, catedrático de Salud Cerebral del Trinity College de Dublín, quien destaca que el habla puede grabarse a distancia, de forma repetida, no invasiva y a bajo costo, a diferencia de las pruebas actuales de envejecimiento biológico.
Los autores advierten que el reloj aún no es una prueba diagnóstica de demencia y que el estudio no establece valor predictivo, por lo que serán necesarios estudios longitudinales y validación en otros idiomas y culturas antes de su uso clínico.
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