La frase de Hakeem Jeffries resume el espíritu con el que el Partido Demócrta encarará su nueva mayoría en el Congreso. En la carta con la que anuncia su candidatura a presidir la Cámara de Representantes, el legislador neoyorquino escribió que «los días en que la Cámara funcionaba como una subsidiaria totalmente controlada del gobierno de Trump han terminado» y denunció que «la enorme corrupción que el país ha experimentado por parte del cártel de Trump explica por qué se hace muy poco para ayudar a los estadounidenses de a pie».
La ofensiva tiene estructura y rostros. Jeffries encargó hace meses a Robert Garcia, máximo demócrata del Comité de Supervisión y Reforma del Gobierno, y a Jamie Raskin, de Asuntos Judiciales, encabezar las investigaciones sobre el enriquecimiento del presidente Donald Trump y su círculo, acusación que la Casa Blanca rechaza de tiempo atrás. El propio Jeffries no descarta intentar llevar a Trump a un tercer juicio político.
Garcia, cuyo mensaje «Contraten abogados» en X se viralizó la noche electoral, delineó cinco prioridades que incluyen los negocios de la familia Trump, el manejo del caso de Jeffrey Epstein y las operaciones del ICE, mientras el representante Jared Huffman quiere indagar en el salón de baile de la Casa Blanca y en el papel de la familia presidencial en acuerdos sobre minerales.
En el Senado, Richard Blumenthal anticipó que examinará los negocios inmobiliarios de Trump alrededor de la capital y sus operaciones con criptomonedas junto al enviado especial Steve Witkoff, aliado de larga data que se asoció con la familia presidencial en World Liberty Financial, además de convocar audiencias sobre las redadas del ICE, las acciones del DOGE y los planes de Medicare. «Los tentáculos de la corrupción llegan muy profundo en este gobierno, y han añadido costos a los estadounidenses en su vida cotidiana», declaró el senador por Connecticut.
Ron Wyden, aspirante a presidir el Comité de Finanzas, prometió exigir respuestas a bancos que presuntamente ignoraron alertas sobre las finanzas de Epstein y a farmacéuticas beneficiadas por sus vínculos con el gobierno, mientras Chuck Schumer, que regresará como líder de la mayoría, sostuvo que «ningún estadounidense debería tener que hacer sacrificios en el supermercado mientras Trump hace operaciones con información privilegiada en el mercado de valores».
La estrategia responde al pulso del electorado. En la encuesta de la AP, con más de 100.000 votantes consultados, cerca de la mitad dijo que la corrupción fue «crucial» en su voto al Congreso, y la mayoría apoyó al demócrta local; 8 de cada 10 de los que priorizaron el estado de la democracia votaron por ese partido. Por eso, en las campañas los candidatos demócrtas acusaron a sus rivales republicanos de velar por sí mismos o por sus donantes, respaldaron prohibiciones de negociación de acciones y de cabildo para excongresistas, y prometieron erradicar la corrupción.
El balance entre investigación y gobernanza será la prueba de fuego. Trump ha mostrado un tono conciliador tras la derrota, aunque la portavoz Lauren Bis advirtió que las «investigaciones falsas» del nuevo Congreso serían «trabajar en contra del pueblo estadounidense». La advertencia interna la puso el senador Peter Welch: «No podemos convertir esto en solo una gira de venganza. Tenemos que ser cuidadosos, cautelosos y juiciosos».