Incorporar más vegetales a la dieta diaria tiene un aliado inesperado: la pizza. Con el calabacín como sustituto de la masa tradicional se logra un plato bajo en carbohidratos, rico en fibra y con una textura sorprendentemente satisfactoria que engancha a la primera (Pequerecetas).
La receta es de dificultad baja y costo barato, apta incluso para cocineros principiantes, y convive bien con dietas bajas en harinas. Expertas en cocina saludable señalan que el calabacín comparte familia con otras bases vegetales de moda —coliflor, brócoli, boniato— que nutren sin renunciar al placer de la mesa (ABC).
Ingredientes y primera fase
Necesitarás un calabacín, 2 huevos, 4 cucharadas soperas de harina de avena y sal para la base; y para la cobertura, salsa de tomate para pizza, 150 g de mozzarella rallada, tomates cherry, champiñones, jamón y orégano. Comienza precalentando el horno a 190 °C. Lava y ralla el calabacín sin retirar la piel, sala y espera 15 minutos.
Llega el momento decisivo: colar y exprimir la verdura dentro de un paño limpio con firmeza. La sal ayudó a liberar el agua; ahora hay que retirarla. Sin este paso, la base quedaría blanda tras el horneado, advierten los cocineros que dominan la técnica (Wholesome Yum).
Horneado y final feliz
Mezcla el calabacín seco con los huevos y la avena, extiende la masa en forma de círculo de 30 cm y compacta con una espátula. Hornea 15 a 20 minutos hasta que dore. Monta la pizza con salsa de tomate, mozzarella, cherry, champiñones, jamón y orégano, y devuélvela al horno 10 a 15 minutos, gratinando al final si buscas crocancia extra. Tras cinco minutos de reposo y unas hojas de albahaca, la cena saludable está servida.
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