El té muy caliente puede ser un enemigo oculto para la salud, según advierten expertos como la doctora Daria Rusakova. Consumir bebidas a altas temperaturas puede causar quemaduras en el esófago, lo que a largo plazo aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de esófago. Esta advertencia está respaldada por un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en 2016 identificó el consumo de líquidos a más de 65 grados Celsius como un factor de riesgo probable para esta enfermedad.
El cáncer de esófago es una de las enfermedades más agresivas, con una tasa de supervivencia baja en etapas avanzadas. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) señaló que la temperatura del líquido, y no el tipo de bebida, es el principal responsable del daño celular. Esto significa que tanto el té como el café, si se consumen demasiado calientes, pueden dañar el revestimiento del esófago y aumentar el riesgo de tumores malignos con el tiempo.
Para evitar estos riesgos, los expertos recomiendan dejar enfriar el té hasta una temperatura entre 60 y 70 grados Celsius antes de beberlo. Esta práctica no solo protege la salud, sino que también permite disfrutar mejor del sabor y los beneficios del té, como sus propiedades antioxidantes y digestivas. Además, reducir la temperatura del té ayuda a prevenir quemaduras en la lengua, la garganta y el estómago, que pueden ser dolorosas y perjudiciales a largo plazo.
Este hallazgo es especialmente relevante en regiones como Asia, América del Sur y África Oriental, donde el consumo de bebidas calientes es una tradición cultural. En estas áreas, la incidencia de cáncer de esófago es más alta, lo que sugiere una relación directa entre el hábito de beber líquidos a altas temperaturas y el desarrollo de la enfermedad. Por ello, es fundamental concienciar a la población sobre los riesgos y promover el consumo de bebidas a temperaturas seguras, para prevenir daños a la salud y disfrutar de los beneficios del té sin riesgos innecesarios.